A la pizarra

Un blog de tiza electrónica.

jueves, 15 de noviembre de 2012


     LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE


Un día, mientras María paseaba junto a su madre le preguntó:
— Oye mamá  ¿Por qué todo el mundo camina tan serio por la calle?
A lo que su madre, sin dudarlo un instante, le contestó :
—Sólo esperan que alguien les dé una gran sonrisa para poder devolvérsela.
 ¡Prueba!  ¡Inténtalo!—Añadió.

María se quedó pensativa durante un rato y urdió lo que a partir de entonces sería su gran plan maestro:

“Conseguiré que todo el mundo camine por la calle con una gran sonrisa en la boca, ¡¡ como en los anuncios de pasta de dientes !! ”

Y su primer objetivo sería la señora Paula. ¡Todo un reto!

La señora Paula tenía ochenta y un años. Vivía en una pequeña casita camino de la casa de María y nunca la visitaba nadie. Se la podía encontrar siempre a la entrada, sentada en una vieja silla de enea, pelando cebollas, patatas o en algún otro quehacer. Siempre permanecía muy seria y rara vez devolvía la mirada. Lo más alegre que podías encontrar en ella, era esa chaqueta azul y gorda de lana sin mangas, la cual mi madre siempre llamaba “pelerina”... ¡Qué palabra más confusa !

El primer día del comienzo de su plan maestro María bajó a pasear con su madre, caminaba visiblemente emocionada, ansiosa por llegar a casa de la señora Paula. Tirando del brazo de su madre, llegaron prácticamente corriendo hasta la casa de la anciana. La encontraron sentada en la entrada, pelando granadas y tan seria como de costumbre. María se colocó delante de ella, se atusó un poco el pelo y le dedico su más amplia sonrisa esperando que le devolviese el gesto, pero la señora Paula simplemente levantó los ojos, la miró algo extrañada y continuó pelando sus granadas.
María se quedo algo desconcertada: —¿Qué había pasado? ¡El ardid no había funcionado! —exclamaba —. No importa —pensó —, seguiré intentándolo hasta que mi plan maestro surta efecto. “ Quien la sigue la consigue ”.

Así, día sí, día también, María se plantaba delante de la señora Paula y le dedicaba su más amplia sonrisa. A lo que, día a día, la señora Paula le iba devolviendo cada vez una mirada más amable y una sonrisa más amplia. Al cabo de tan sólo unos pocos días, el plan maestro de María había funcionado. La señora Paula esperaba cada día la llegada de María con una magnífica sonrisa en la boca, más feliz que un regaliz.