LAS FUNCIONES DEL LENGUAJE
Un día, mientras María paseaba junto
a su madre le preguntó:
— Oye mamá ¿Por qué todo el mundo
camina tan serio por la calle?
A lo que su madre, sin dudarlo un
instante, le contestó :
—Sólo esperan que alguien les dé
una gran sonrisa para poder devolvérsela.
¡Prueba! ¡Inténtalo!—Añadió.
María se quedó pensativa durante un
rato y urdió lo que a partir de entonces sería su gran plan maestro:
“Conseguiré que todo el mundo
camine por la calle con una gran sonrisa en la boca, ¡¡ como en
los anuncios de pasta de dientes !! ”
Y su primer objetivo sería la señora
Paula. ¡Todo un reto!
La señora Paula tenía ochenta y un
años. Vivía en una pequeña casita camino de la casa de María y
nunca la visitaba nadie. Se la podía encontrar siempre a la entrada,
sentada en una vieja silla de enea, pelando cebollas, patatas o en
algún otro quehacer. Siempre permanecía muy seria y rara vez
devolvía la mirada. Lo más alegre que podías encontrar en ella,
era esa chaqueta azul y gorda de lana sin mangas, la cual mi madre
siempre llamaba “pelerina”... ¡Qué palabra más confusa !
El primer día del comienzo de su plan
maestro María bajó a pasear con su madre, caminaba visiblemente
emocionada, ansiosa por llegar a casa de la señora Paula. Tirando
del brazo de su madre, llegaron prácticamente corriendo hasta la
casa de la anciana. La encontraron sentada en la entrada, pelando
granadas y tan seria como de costumbre. María se colocó delante de
ella, se atusó un poco el pelo y le dedico su más amplia sonrisa
esperando que le devolviese el gesto, pero la señora Paula
simplemente levantó los ojos, la miró algo extrañada y continuó
pelando sus granadas.
María se quedo algo desconcertada:
—¿Qué había pasado? ¡El ardid no había funcionado! —exclamaba —. No importa —pensó —, seguiré intentándolo hasta
que mi plan maestro surta efecto. “ Quien la sigue la consigue ”.
Así, día sí, día también, María
se plantaba delante de la señora Paula y le dedicaba su más amplia
sonrisa. A lo que, día a día, la señora Paula le iba devolviendo
cada vez una mirada más amable y una sonrisa más amplia. Al cabo de
tan sólo unos pocos días, el plan maestro de María había
funcionado. La señora Paula esperaba cada día la llegada de María
con una magnífica sonrisa en la boca, más feliz que un regaliz.